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Qualitax. 23/05/2018

Hacienda gravará un 5% los servicios digitales de empresas extranjeras y españolas

‘Tasa Google’/ El impuesto que prepara para financiar la subida de las pensiones va a ser “español” y se adelantará “mucho” al europeo. Gravará la intermediación, la publicidad y la venta de datos a empresas a partir de unos umbrales de facturación.

impuestos

El impuesto a las tecnológicas que prepara Hacienda para financiar la subida de las pensiones va a ser “español” y se va a adelantar “mucho” al europeo. Este tributo va a gravar los servicios de intermediación, la publicidad y la venta de datos digitales de empresas extranjeras y españolas en España hasta un 5%. Según fuentes conocedoras de su diseño, el impuesto quiere gravar a todas las empresas que ofrezcan estos servicios en España, aunque no estén físicamente en territorio nacional, y que tengan unos niveles de facturación por determinar, umbrales que van a ser mucho más reducidos que los que plantea Bruselas para el impuesto europeo que promueve –al menos 750 millones globales y 50 millones en la UE–.

De esta forma, la tasa Google, que el Gobierno prevé aprobar a la vuelta del verano en un proyecto de ley, se perfila mucho más amplia de lo que se deducía de las palabras del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y de otros responsables del Fisco, que han hablado de “grandes tecnológicas”, lo que parecía dirigirse a las multinacionales de Silicon Valley, con Google, Apple, Amazon y Facebook a la cabeza, tradicionalmente blanco de las críticas del Gobierno por no tributar en España por los beneficios generados aquí (ver información adjunta). Y es que sólo gravar a empresas extranjeras sería discriminatorio, por lo que operadores españoles de telefonía que venden datos y plataformas online y de economía colaborativa nacionales, entre otros, pueden ser contribuyentes del impuesto.

El tributo será indirecto, por lo que no gravará la capacidad económica de la empresa sino el servicio que presta. Se quiere evitar que sea directo y se asimile a Sociedades, lo que obliga a seguir los Convenios para Evitar la Doble Imposición. Como impuesto indirecto, para diferenciarse del IVA, será gravado en cascada, lo que puede producir dobles o triples imposiciones.

Esto significa, por ejemplo, que si una empresa paga a Google 150 euros para que posicione su anuncio en medios de comunicación digitales y Google paga al medio digital 100 por situar el anuncio en su web, Google será gravado por 150, no por 50, su margen, y el medio digital, a su vez, tributará por 100, con lo que Hacienda ingresará la tributación de 250. Esta cascada puede ser muy larga, ya que a menudo intermedian varias plataformas, y cada uno de los servicios será gravado de esta manera. En el caso de que intermedien varias plataformas de un mismo grupo, se gravará la operación de salida del grupo.

El tributo no gravará nunca directamente al consumidor, aunque no es descartable que las empresas le repercutan el nuevo coste.

Los hechos imponibles son, por lo tanto, tres. En primer lugar, la publicidad online. En segundo lugar, la intermediación, que tiene varias facetas. Están las plataformas de economía colaborativa, como Airbnb, y las labores de plataformas que prestan servicios técnicos o de otro tipo. Aquí se incluirá, por ejemplo, lo que ingresa Amazon por posicionar los productos de vendedores o por ofrecer su sistema logístico a estos vendedores o a otros ajenos a su servicio, o lo que cobra LinkedIn a sus usuarios premium.

Además, se gravará la venta de datos, que se sitúan entre los que vienen de cookies, más pasivos, a los de más valor, provenientes de los me gusta, de interacciones, comentarios, recomendaciones e, incluso, ampliación a más usuarios o networking. Estos últimos, con origen además en redes sociales. La información la proporcionarán las empresas a partir de la IP de sus usuarios.

En febrero, responsables de fiscalidad internacional de Hacienda dijeron que se preparaba un impuesto a las tecnológicas temporal y sólo español, pero el Ministerio aseguró luego que sólo se articularía junto al resto de la UE. En Europa, tiene una tasa Google Reino Unido, pero grava a las grandes tecnológicas por el beneficio que calcula que obtienen allí. España se adelantaría así con el primer impuesto verdaderamente digital en la UE. El 27 de abril, Montoro anunció que el Gobierno iba a crear un impuesto a las tecnológicas para financiar el alza de las pensiones que ha pactado con el PNV. Prevé recaudar 600 millones este año y 1.600 en 2019 con otras figuras tributarias.

El impuesto a las tecnológicas que prepara Hacienda para financiar la subida de las pensiones va a ser “español” y se va a adelantar “mucho” al europeo. Este tributo va a gravar los servicios de intermediación, la publicidad y la venta de datos digitales de empresas extranjeras y españolas en España hasta un 5%. Según fuentes conocedoras de su diseño, el impuesto quiere gravar a todas las empresas que ofrezcan estos servicios en España, aunque no estén físicamente en territorio nacional, y que tengan unos niveles de facturación por determinar, umbrales que van a ser mucho más reducidos que los que plantea Bruselas para el impuesto europeo que promueve –al menos 750 millones globales y 50 millones en la UE–.

De esta forma, la tasa Google, que el Gobierno prevé aprobar a la vuelta del verano en un proyecto de ley, se perfila mucho más amplia de lo que se deducía de las palabras del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y de otros responsables del Fisco, que han hablado de “grandes tecnológicas”, lo que parecía dirigirse a las multinacionales de Silicon Valley, con Google, Apple, Amazon y Facebook a la cabeza, tradicionalmente blanco de las críticas del Gobierno por no tributar en España por los beneficios generados aquí (ver información adjunta). Y es que sólo gravar a empresas extranjeras sería discriminatorio, por lo que operadores españoles de telefonía que venden datos y plataformas online y de economía colaborativa nacionales, entre otros, pueden ser contribuyentes del impuesto.

El tributo será indirecto, por lo que no gravará la capacidad económica de la empresa sino el servicio que presta. Se quiere evitar que sea directo y se asimile a Sociedades, lo que obliga a seguir los Convenios para Evitar la Doble Imposición. Como impuesto indirecto, para diferenciarse del IVA, será gravado en cascada, lo que puede producir dobles o triples imposiciones.

Esto significa, por ejemplo, que si una empresa paga a Google 150 euros para que posicione su anuncio en medios de comunicación digitales y Google paga al medio digital 100 por situar el anuncio en su web, Google será gravado por 150, no por 50, su margen, y el medio digital, a su vez, tributará por 100, con lo que Hacienda ingresará la tributación de 250. Esta cascada puede ser muy larga, ya que a menudo intermedian varias plataformas, y cada uno de los servicios será gravado de esta manera. En el caso de que intermedien varias plataformas de un mismo grupo, se gravará la operación de salida del grupo.

El tributo no gravará nunca directamente al consumidor, aunque no es descartable que las empresas le repercutan el nuevo coste.

Los hechos imponibles son, por lo tanto, tres. En primer lugar, la publicidad online. En segundo lugar, la intermediación, que tiene varias facetas. Están las plataformas de economía colaborativa, como Airbnb, y las labores de plataformas que prestan servicios técnicos o de otro tipo. Aquí se incluirá, por ejemplo, lo que ingresa Amazon por posicionar los productos de vendedores o por ofrecer su sistema logístico a estos vendedores o a otros ajenos a su servicio, o lo que cobra LinkedIn a sus usuarios premium.

Además, se gravará la venta de datos, que se sitúan entre los que vienen de cookies, más pasivos, a los de más valor, provenientes de los me gusta, de interacciones, comentarios, recomendaciones e, incluso, ampliación a más usuarios o networking. Estos últimos, con origen además en redes sociales. La información la proporcionarán las empresas a partir de la IP de sus usuarios.

En febrero, responsables de fiscalidad internacional de Hacienda dijeron que se preparaba un impuesto a las tecnológicas temporal y sólo español, pero el Ministerio aseguró luego que sólo se articularía junto al resto de la UE. En Europa, tiene una tasa Google Reino Unido, pero grava a las grandes tecnológicas por el beneficio que calcula que obtienen allí. España se adelantaría así con el primer impuesto verdaderamente digital en la UE. El 27 de abril, Montoro anunció que el Gobierno iba a crear un impuesto a las tecnológicas para financiar el alza de las pensiones que ha pactado con el PNV. Prevé recaudar 600 millones este año y 1.600 en 2019 con otras figuras tributarias.

Fuente: Expansión

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